sábado 5 de abril de 2008

Mierda BOUTIQUE Murcia

No suelo utilizar nunca este espacio (más leído que comentado) para ataques personales. Pero como ayer, en una necedad desmesurada propia de este pueblo, me tocaron los cojones sobremanera gente que, más que obligada, malinterpretó su cometido (seguratas paletos y encargados deficientes mentales), voy a usar este cuarto poder para defecarles encima.
El caso es que después de tener que pagar una entrada (10 pavos por cabeza) para entrar a la discoteca (BOUTIQUE, en Murcia, dirección Centrofama) comenzó una persecución tras de mí que trastocó mi impecable comportamiento… Yo, al no deberme a nadie, hago y hablo lo que me viene en gana (que cada cual se curre esta libertad) respetando siempre a mi entorno (sean personas o animales). Y por ello pido siempre un trato reciproco (que a mí también me cuesta no matar a nadie). Si esta regla se ve desestimada, agárrate los machos que te pisoteo (pobre infeliz frustrado).
Pues en este establecimiento vigilado por subnormales y servido por prostitutas, se apropian de ese caro privilegio que no tienen (derecho de admisión) para elegir clientela (mayoritariamente, putos idiotas retroalimentados).
¿Y qué me molesta concretamente (pensarán ustedes que han llegado hasta aquí)? Me molesta que cuando deje la chaqueta en la barra salte ese cretino que se corre observando sus músculos para decirme que no puedo, me molesta esa camarera anoréxica (adicta a la cocaína y cercana a la cuarentena) que te sirve como si te perdonara la existencia, me molesta que hasta los botellines de agua sean de garrafón (será porque con unos ‘miserables’ 10 € es imposible costear una copa con beneficios), me molesta que cuando voy al aseo lleno de estiércol (literal y metafórico) se me doblen las sombras (una vez más el palurdo que todas las noches llora por no poder llegar a policía), me molesta que, cuando salgo solicitando el sello a los dos retrasados de la puerta principal, encima cuestionen si me lo ponen o no (en un ejercicio de catalogación propio de un campo de concentración nazi), y para finalizar (la primordial causa de toda esta diatriba) me hincha mucho las pelotas que encima me prohíban la reentrada los dos tarados anteriormente señalados alegando que no voy ‘en condiciones’ (por mi bien y prosperidad, trabajadores de un local que vive exclusivamente de vender bebidas alcohólicas).
Cada vez más sustento la idea de que el mundo está diseñado para el éxito de los idiotas. Si tú también lo crees, no ensucies tus pies con el suelo de esta pocilga…